ÚN.- A Yorlando Conde, Renny Ottolina le daba 40 tortas diarias y la oportunidad no sólo de ganarse unos reales, sino también de aprender el trabajo en televisión, pues ya venía con cierta experiencia en las tablas.

Conde tiene 80 años de vida y 75 de carrera. Desde temprana edad manifestó su interés por el arte, lo que lo ancló definitivamente en el teatro. Allí ha sido desde director hasta tramoyero, pasando por escritor, actor, vestuarista, escenógrafo y profesor. También es titiritero (enseña el oficio en colegios y en la universidad), promotor del teatro obrero y penitenciario y tuvo la suerte de conocer a César Rengifo y a Juana Sujo.

En 2017, y coincidiendo con su 80 cumpleaños, a Conde, quien ya tenía un Doctorado Honoris Causa de la Universidad Simón Rodríguez, le fue conferido el de Maestro Honorario de la Universidad Experimental de las Artes.

¿Hasta dónde lo comprometen este tipo de reconocimientos?

No se trata sólo de compromisos, sino de satisfacción. Con mi trabajo he llegado hasta Alemania, Portugal y Bulgaria. Recibir este tipo de reconocimientos me rejuvenece. De hecho, me siento como de 15 años.

En su larga trayectoria, ¿cómo ha visto la evolución del teatro en el país?

El teatro es el gran maestro de la conciencia del ser humano, porque tiene la capacidad de instalarse en el espectador. Eso permite un cambio completo y absoluto del comportamiento.

¿Fue difícil el camino?

Siempre conté con el apoyo de mis padres y tuve la oportunidad de ir a Chile a formarme. Ahí fui alumno de Pablo Neruda y Agustín Siré, entre otros, quienes dejaron en mí su huella como pedagogos y también valores como la responsabilidad y la puntualidad.

¿Qué significó para usted haber conocido no sólo a esos personajes tan influyentes en la cultura latinoamericana, sino también a Rengifo y a Sujo?

Que uno tiene que esforzarse por ser bueno en lo que sea: el mejor officeboy, el mejor lavador de carros, el mejor limpiador de pisos. No importa a lo que te dediques, tienes que tratar de ser el mejor. César Rengifo decía que uno tenía que ser como los Caribes, quienes cuando llegaron los españoles no los atacaron, sino que los recibieron con un montaje teatral que tenía danza. No eran los salvajes que han querido hacer ver en la historia desde hace siglos.

¿Cómo era trabajar con él?

Una maravilla, porque además de dramaturgo era artista, escritor, pintor. Un hombre integral tanto en su arte como en su humanidad.

¿Resiente algo del teatro venezolano que se hacía en los años 50, 60 y 70 con respecto al que se hace ahora?

Me gustaría que hubiera una escuela en cada esquina, de la cual saliera un grupo comprometido. Que en cada pueblo hubiera una compañía abierta para quienes deseen dedicarse a esto.

Hay maestros que dicen que las nuevas generaciones sólo buscan fama y dinero.

¿Cuántos actores, de verdad verdad, conoces millonarios?

Muy pocos, porque el teatro más que un comercio es la vivencia viva. El verbo hecho carne, porque te permite contacto único con el público. Durante décadas ha sido, sin duda, la expresión de los pueblos.

¿Cuáles son los principios sobre los que funciona la escuela de teatro que tiene en Mérida?

Eso es una belleza que fue diseñada por Fruto Vivas, en Bailadores. Ahí funciona la compañía Anakarinarote, que en lenguaje indígena significa “Sólo nosotros somos gente”. Es la única escuela de teatro de Venezuela que integra la actividad agrícola. Es antisísmica, térmica y acústica. Se oye perfecto sin micrófono en cualquier lugar de la sala. Ha sido un esfuerzo importante para mantener el trabajo de 350 personas. Por esta tarea es que me dicen el teatrero de los obreros, porque allí, además de enseñar todo lo relacionado con las tablas, le damos a la población la opción de aprender otras cosas. Trabajar con obreros siempre me ha gustado, porque le doy la oportunidad de ser libres. Creo firmemente que el teatro es la libertad en todos los sentidos.

¿Qué le dice a un muchacho que se le acerca y le pide que lo aconseje para tener una carrera productiva en el teatro?

No sólo se los digo a ellos, sino a todos con quienes tengo la oportunidad de hablar:_el mundo le pertenece a los soñadores y a la gente buena. No a los corruptos. En ciertos momentos la gente siente que las cosas deben cambiar, pero hay que hacerlo desde el trabajo honesto. Del esfuerzo. Eso no sólo permite que uno se sienta bien con uno mismo, sino que lo reflejas a los demás.

¿Además de venderle las tortas a Renny no le interesó quedarse en televisión?

Para nada. El teatro ha sido siempre la razón de mi vida y como tal lo he asumido. Uno tiene que conocer todo lo que pueda. A mis 80 años me mantengo activo, camino, estudio… Es la forma de trascender y de mantener este espíritu que tengo.

La voz de Rengifo. “Cesar Rengifo en la voz de Yorlando Conde” es el nombre del espectáculo que se presentará hoy, a las 4 pm, en la sala Anna Julia Rojas de Unearte, en Bellas Artes. Allí el actor y director le hará un sentido homenaje a quien en vida fuese su amigo, con diálogos y declamaciones basados en las obras del dramaturgo. Acompañarán a Conde los cantos de la rectora de Unearte, Alejadrina Reyes, de la artista cumanesa Daisy Gutiérrez y de los integrantes de la Red Coral Bolivariana. La entrada es libre.

 

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