Por: Indira Carpio Olivo

Desafios.com.ve.- Todavía recuerdo aquel día en que volaban los ventiladores. Nos tirábamos al piso, serpenteando la falta de gravedad de los enseres en la casa. Rasaban las ollas con caraotas, los platos, la ropa, las palabras, los nombres. Nos quedábamos sin nombre. Si llovía, nos mojábamos. Si no llovía, nos mojábamos. Evaporaba. A veces entendíamos dónde nacía el dolor. La mayoría de las veces, no. Hacía calor. Los calderos sudaban. Preferíamos pegar la barriga del suelo. Acostarnos con el radar en tierra, el cielo en contra, para sentir los pasos, los posos. Desde entonces, no duermo bien. Vigilo. En qué parte de la memoria he escondido el vuelo. A qué suelo sé agarrarme con miserable determinación. No he aprendido a amar. Temo a la vaciedad de los cuerpos, a la raíz que se forma del entierro del cuchillo. Pudo ser mamá. Pude ser yo. Ha sido Mayell.

Miro su foto. Trato de entender su foto. Como si de la imagen izara el ánima. Como si pudiera levantarla de la bidimensión, contemplarla en el baile, a gusto, no por última vez, eternamente. A Mayell la mataron muy cerca de donde me mataron tantas veces. Vuelve a levantarse la linfa, costra de suelo seco. Yo tenía la edad de Amaloha. Tuve la edad de Mayell. La edad de todas cuando sangré, cuando oxidé. Cuando me maniataron, manosearon, mutilaron, violaron, mataron. Cuántas veces morimos las mujeres vivas. Cuántas veces morimos las mujeres muertas. Qué es un cuerpo y su masa. A qué se sostiene un cuerpo que reclama el viento. El cuerpo sin gravedad se parece al silencio. Qué clase de aire caliente seca las entrañas de todo cuanto se puya.

No está cocida. No la siga puyando. No abra el horno, la boca del horno lo pasma todo.

No habrá flores, ni arrepentimiento, tampoco papeles que ordenen la distancia. Se acabó. No hay vapor de aire entre ella y él. Para el asesino: larga vida, dilatada, prolongada, lenta, inacabable.

***

Mayell Consuelo Hernández Naranjo, de 29 años, fue asesinada por su ex pareja y el padre de su hija, William Enrique Infante Borges. El feminicidio fue perpetrado en la madrugada del lunes, 3 de septiembre, en un anexo en el que vivía con la niña de 2 años, en Charallave, estado Miranda. El funcionario público y presunto asesino fue preso por la policía local, para ser liberado pocas horas después. Desde entonces, permanece libre, se dice que bajo favores políticos y judiciales.

 

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