Por: Diana Giraldo.-

Vanguardia.- Cuando se tienen noticias como la muerte de Yuliana, la niña de 7 años torturada, violada y asesinada en Bogotá, presuntamente a manos del arquitecto Rafael Uribe Noguera, es imposible no pensar qué es lo que nos está pasando como sociedad. Las cifras, que hablan de 122 niños agredidos sexualmente cada día, dan cuenta de una sociedad trastornada y enferma. Y de estas agresiones, la mayoría de víctimas son niñas. Somos una sociedad ensañada contra sus niños, pero especialmente contra sus niñas, que luego serán mujeres golpeadas, maltratadas y asesinadas.

El crimen de Yuliana me hizo pensar que ser niña en Colombia es vivir permanentemente en riesgo. Creo que todas las mujeres en el país, sin excepción, en algún momento de nuestras vidas hemos sido agredidas por nuestra condición de mujer. Hice el ejercicio de pensar si alguna vez había sido agredida solo por ser mujer, y en mis recuerdos aparecieron

un vecino de unos 60 años que cuando yo tenía tal vez 8 o 10 años se ofreció a comprarme en la tienda lo que yo quisiera, a cambio de que le diera un beso; un extraño que tocó mis nalgas mientras esperaba un bus en la universidad; un primer jefe que me ofreció un viaje a la playa a cambio de un futuro prometedor en su oficina; insultos en redes por haber sido mamá soltera e intentos de desprestigio profesional bajo acusaciones falsas de aventuras amorosas…

Eso sin contar las veces en que he debido esforzarme el doble para convencer que tengo las mismas capacidades de un hombre para desempeñar un cargo o los interminables chistes sobre mujeres al volante… sí, ser mujer significa abrirse camino en una sociedad que constantemente te agrede por tu condición. Y aunque el caso de esta niña asesinada es el extremo de esta cadena de violencia, su historia y la de miles de niñas y mujeres maltratadas, violadas y asesinadas comienzan en esta cotidianeidad, donde nos parece bien tratar con menosprecio a la mujer. O que lo diga Maluma y su última canción.

 

 

 

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