Por: Lilia M. Ramírez Lasso

Cuando la vida es usada como un arma política. Durante las últimas semanas de eventos políticos y de violencia en Venezuela resulta casi imposible no toparse en redes sociales con imágenes impactantes de seres humanos que exponen sus cuerpos  vulnerables -como todos los cuerpos- (desnudos o semidesnudos algunos, cubiertos con elementos para protegerse de gases lacrimógenos o portando escudos improvisados para resguardarse).

Imágenes cuyo efecto resulta conmovedor, de aquella casi trillada etimología de con-mover, o moverlo a uno con algo, pero también de conmoción, esto es la consecuencia derivada de agitar, inquietar el ánimo, alterar, o incluso provocar la pérdida del sentido producto de un fuerte impacto.

Estos cuerpos retratados por fotógrafos y viralizados en redes sociales por influenciadores de opinión como gancho de mercadeo para inspirar a otros a sumarse a una determinada causa política, se muestran como elementos metafóricos (una parte de la realidad que se muestra para dar sentido al todo) para generar al menos dos efectos notorios.

Por una parte, se nos invita, se nos incita, a interpretar estas imágenes como evidencias de un Estado represor que ataca a las y los ciudadanos en su fragilidad humana para imponer un modelo de país, para llevarnos a un estado de indignación y desaprobación del Estado insostenible que obligue a la acción en contra del mismo.

En este sentido, destaca la imagen del joven nudista Hans Wuerich (Licenciado en Comunicación Social con interés hacia el campo audiovisual de 27 años), quien luego de haber consultado y planificado una forma impactante de llamar la atención a las protestas de la oposición, caminó desnudo, portando sólo zapatos, un koala y una biblia en mano, a través de una manifestación pública, se subió a una tanqueta militar y sin ser detenido o si quiera obligado a vestirse regresó a su casa, para luego anunciar que se iría del país a atender asuntos personales http://elestimulo.com/climax/hans-wuerich-desnudando-al-desnudo/

Hans es un hombre delgado, blanco, casi pálido, cuyo cuerpo sirvió como significante potente para lanzar un mensaje de fragilidad y vulnerabilidad de la ciudadanía ante el Estado. Algunos usuarios de redes sociales afirmaban al difundir su imagen que había sido despojado de su ropa por organismos de seguridad como forma de humillarlo o de obligarlo a retirarse de la protesta. Otros muchos acompañaban su imagen con mensajes de indignación y apoyo a quien fue presentado como una víctima del Estado venezolano.

En este primer efecto de sentido que busca generar indignación por vía de una imagen descontextualizada en la que se muestra un ser humano en su dimensión de fragilidad enfrentado al Estado desproporcionalmente más fuerte y poderoso, podemos contar también la de una mujer mayor (identificada como una emigrante lusitana nacionalizada en Venezuela llamada María José), que se paró frente a una tanqueta vestida de blanco con los brazos extendidos en cruz (https://cactus24.com.ve/maria-jose-senora-detuvo-tanqueta-gnb/). Esta imagen también alcanzó la portada de medios internacionales (https://www.lapatilla.com/site/2017/04/23/la-portada-de-el-tiempo-de-colombia-venezuela-alarma-al-mundo-imagen/)

Más impactantes aún resultaron las imágenes de dos jóvenes, el primero de nombre Jairo Ortiz, asesinado por un disparo en el pecho por un funcionario de la policía de tránsito, en un fatídico hecho que aún investigan los órganos competentes, pero que ya se ha aclarecido que no estuvo relacionado con las protestas (barricadas y guarimbas) que confrontaban a organismos de seguridad en las cercanías de su residencia. La fotografía de Ortiz, fallecido y aún vivo, fue una de las primeras imágenes masivamente viralizadas en las redes sociales durante la presente escalada de violencia que han protagonizado grupos opositores al gobierno venezolano.  La imagen se acompañaba casi siempre de mensajes de condena contra el gobierno, dando por sentado que Ortiz era una víctima de represión del Estado (https://www.noticiascol.com/2017/04/07/dirigentes-opositores-condenaron-la-muerte-del-joven-jairo-ortiz/).

Las imágenes del otro joven, Víctor Salazar, quien resultó con quemaduras en la mayor parte de su cuerpo tras participar en el ataque de un pequeño grupo de opositores a un efectivo de la Guardia Nacional a quien despojaron de su moto y la hicieron explotar al golpear el tanque de combustible del mismo, fueron igualmente viralizadas en todas las redes sociales, llegando incluso a ocupar portadas de medios internacionales para describir la supuesta represión del Estado en contra de los jóvenes venezolanos (http://www.eltiempo.com/mundo/latinoamerica/manifestaciones-en-venezuela-dejan-un-muerto-y-16-heridos-en-caracas-84230) .

Estos últimos dos casos generaron niveles de indignación correlativamente proporcionales a lo impactante y espectacular de las imágenes que se difundieron de los mismos, si bien los hechos han demostrado que no es sostenible la tesis de que los dos jóvenes hayan sido víctimas de represión política.

Esta estrategia discursiva que emplea el cuerpo como un significante, un elemento material para producir sentido y comunicar un mensaje, también fue empleada en la manifestación pública convocada con mujeres de sectores opositores, en la que algunas manifestantes mostraron sus pechos desnudos, cubiertos o acompañados por mensajes en contra del gobierno (http://runrun.es/nacional/308312/fotos-las-tetas-hicieron-callar-las-escopetas.html).

De este evento resultó ampliamente viralizada la imagen de una mujer mayor cuyo seno derecho fue intervenido quirúrgicamente y que mostraba un cartel que decía que si a ella le “faltaba una teta” a los funcionarios de seguridad del gobierno nacional les faltaba “bolas”.  Una imagen que refuerza  de manera efectiva, mediante el uso de un símbolo tan potente como el pecho femenino que sirve de alimento y resguardo para el ser humano, el sentido de una ciudadanía vulnerable y vulnerada, indefensa frente al Estado y su poder.

El segundo efecto de sentido que es posible observar en el uso de imágenes de cuerpos humanos enfrentados al Estado es el de generar una cercanía, solidaridad y empatía con quienes se muestran en las imágenes, que busca también movilizar a quien percibe la imagen, pero por una vía distinta a la de la indignación en contra de las instituciones, y que va en cambio por el camino de generar adhesiones que al menos justifiquen los actos de violencia de quienes se enfrentan al gobierno.

En este sentido de empatía y adhesión podemos destacar la imagen de Caterina Ciarcelluti, una modelo y entrenadora física, presentada en redes sociales y medios de comunicación como “La Mujer Maravilla” que enfrenta al gobierno venezolano (http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/venezuela-es/article148682569.html). Su fotografía, lanzando piedras en contra de funcionarios de seguridad del Estado ha alcanzado repercusión nacional e internacional, lo que la ha convertido en un ícono mediático para quienes pueden ser sujetos movilizados no tanto por indignación contra el Estado, sino por el anhelo también de ser percibido como una especie de héroe o ser extraordinario.

Por último, pero no menos impactante ha resultado la imagen viralizada de una mujer que en medio de una tranca opositora decidió defecar en la vía pública (http://www.chismeven.net/2017/05/mujer-se-caga-en-una-barricada-contra.html). Esta imagen provocó lecturas contradictorias, por una parte acompañada de mensajes apoyando la acción de la mujer, como una forma de protesta pacífica pero contundente en contra del gobierno; mensajes fundamentados en el uso metafórico de los excrementos como una crítica simbólica que busca asociar al gobierno con este símbolo y por ende generar un efecto de rechazo en su contra. Por otra parte, la acción de la mujer que defeca generó también un fuerte rechazo por parte de algunos usuarios de redes sociales adversos al gobierno, quienes llegaron a tachar de infiltrada a la señora, por haber servido como blanco de burlas que explicaban la falta de argumentos racionales en el sector más extremista de la oposición que ha apostado por la salida inconstitucional mediante la violencia en las calles.

Este último elemento ha servido como fundamento para la última estrategia simbólica aplicada por parte de este sector extremista de la oposición, quienes han difundido imágenes de frascos de vidrio llenos de excremento (denominados puputovs, en alusión a las molotovs que emplean generalmente los grupos violentos de la oposición) que servirían como armas en contra de los funcionarios de los cuerpos de seguridad del Estado. (http://vzlatoday.com/nueva-arma-biologica-manifestantes-neutralizan-a-la-gnb-con-bombas-puputov-videofotos-explicitas/)

Podríamos entender este como un efecto de sentido que busca no generar indignación o rechazo en contra del Estado, ni generar simpatías o apoyo hacia los manifestantes violentos, sino más producir un efecto escatológico de urgencia que movilice en contra del Estado desde un nivel visceral irracional.

El viceministro de comunicación internacional, William Castillo, señalaba en su cuenta twitter (@planwac) que algunos de estos eventos aquí descritos tienen en común servir como signos dentro de un discurso biopolítico que busca justificar y quizás difuminar la violencia de los actos vandálicos de sectores de la oposición venezolana.

En efecto, la biopolítica en tanto construcción teórica de la filosofía política, ha intentado abordar fenómenos y contextos en los que se usa la vida como arma para confrontar a un adversario político, bien sea como forma última de resistencia, o bien como forma de terrorismo extremo que puede incluir acciones como el terrorismo suicida o los asesinatos mediatizados que ha empleado por ejemplo el estado islámico.

Podemos entonces reconocer una suerte de estrategia política por parte de un sector de la oposición venezolana que ha optado por usar la vida como un arma de terrorismo en contra del Estado, y más aún en contra de un sector político de la realidad venezolana como el chavismo.

Esta estrategia sin embargo no puede ser leída de forma completa si no se pone también en el tapete el hecho de que las imágenes de estos eventos se han convertido en memes viralizables para ser consumidos sin juicios de razón de por medio.

Un meme es una unidad de información que puede ser rápida y eficazmente reproducible, y que generalmente en nuestra era de redes sociales se materializa en un mensaje multimodal, esto es un mensaje que puede incorporar diversos modos de comunicación como imagen y texto (memes tipo fotografía o caricatura intervenida con texto) o sonido y movimiento (gifs).

La potencia de un meme radica justamente en la simplicidad aparente del mensaje formal que no demanda interpretación y que busca sólo generar un efecto emotivo de tal magnitud que obligue al usuario a reproducirlo y difundirlo a su vez en sus propias redes sociales. Por ello se conoce como viralizar la acción de que un meme sea difundido de manera masiva, casi como un virus que se esparce por las redes, sin que haya espacio para la reflexión o juicio razonado respecto al mismo.

La estrategia opositora de usar el cuerpo como un arma en contra del adversario ha logrado así generar memes humanos bien a partir de las acciones mismas de los sujetos involucrados de manera intencional para producir este efecto de sentido en la opinión pública (como el caso del uso del desnudo o de excrementos), o bien mediante la producción de imágenes a partir de eventos fatídicos en los que se expone luego el cuerpo lacerado o sin vida de los sujetos para generar un efecto de conmoción, esto es de suspender el juicio o la razón mediante un fuerte impacto emocional.

Algunas imágenes viralizadas en los últimos días por sectores de oposición exhiben ahora a niños, menores de edad, que según lo que muestran las imágenes, o el sentido que buscan producir en quien las consume, producen armas y las usan en medio de protestas violentas de la oposición. Cuerpos de menores, algunas veces con el torso desnudo y el rostro cubierto, que han sido bautizados por medios privados o voceros de oposición como “niños de la resistencia”, sirven como memes biopolíticos para conmover y conmocionar a la opinión pública en Venezuela y en el mundo. (http://elestimulo.com/climax/los-ninos-de-la-resistencia/)

Poco a poco se va develando la estrategia encubierta de usar menores mediante tácticas de persuasión o simple manipulación para producir estos memes humanos que generan indignación y respuestas irracionales.

El efecto mayor de sentido de todos estos memes que se difunden de manera masiva en las redes sociales es el de anular la razón de quienes hacemos vida en Venezuela y poder así por una parte justificar la violencia terrorista de un cierto sector de la oposición, así como alimentar las filas de quienes se movilizan en contra del gobierno.

Tal estado de sin razón sin embargo puede conllevar una rápida escalada de violencia que difícilmente se logre contener desde el seno de una oposición que además carece de liderazgo legítimo, y que puede servir finalmente como escenario para provocar un conflicto armado o una posible intervención extranjera en nuestro país.

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