Por: Willey Peñuela

Venimos del desprecio. En 1996, eliminaron el Seguro Social justo cuando una ola de cólera acechaba al país. Los ricos no iban a morirse de cólera y eso era lo único que en verdad les importaba a quienes gobernaban Venezuela. En el 98 ese modelo de país explotó, no era posible sostener el desprecio.

Hoy, una dura situación económica nos azota, nos golpea con todo. Buscan que el pueblo subvierta el orden, buscan que explote el pueblo contra el gobierno. No recuerdan que ellos nos entrenaron para subsistir con muy poco. Presionan económicamente, a tal punto, que han logrado imponer una dinámica económica profundamente difícil.

El pueblo, en su gran mayoría (y aunque no todos lo acepten) se sabe valorado por su Revolución chavista, por Nicolás. Por eso no logran ni lograrán esa explosión.

Pero hay cosas que podemos hacer mejor. Aquí dos ideas que pudieran ser aportes:

Una considerable franja de la población está convencida de que el culpable de la situación económica es nuestro Gobierno Bolivariano. Hace falta hablar más claro, acercar nuestro discurso político-comunicacional hacia la cotidianidad, hablarle a Sara, la maestra de Petare que no consigue arroz, ni pollo, que no le está rindiendo la plata, a Don Luciano, el viejito de Bejuma que no consigue batería ni caucho para su taxi y tiene 20 días sin trabajar. Tenemos que hablarle directo a Rosa, la señora que plancha en las urbanizaciones y que ha tenido que hacer horas y horas de cola. Hay que hablarle a Fabiola, la muchacha humilde que trabaja en una panadería, que tiene un bebé y cobra sueldo mínimo.

Cuando alguna gente ve que un kilo de carne sobrepasa los mil bolívares y responsabiliza de ello a Maduro, algo estamos haciendo mal. Porque Nicolás no hace sino entregar el pellejo por este pueblo digno.

Los medios de la derecha le dicen a Sara, a Don Luciano, a Rosa y a Fabiola que el culpable de todo es Maduro, mientras nosotros hemos visibilizado más la lucha histórica, estratégica y todos nuestros triunfos diplomáticos en el escenario político internacional. Los políticamente polarizados disfrutamos cada triunfo diplomático de nuestra Revolución que tiene casi neutralizado al sector más guerrerista de la política fronteriza, tanto del lado del Esequibo como en la situación con Colombia.

Pero al pueblo menos polarizado, que no es un número despreciable, le preocupa más resolver su situación.

Urge que nuestra jefatura política dedique palabras a Sara, a Don Luciano, a Rosa, a Fabiola. Que se hable y explique al pueblo con empatía, que todos ellos sepan que el gobierno sabe exactamente lo que están viviendo. Hace falta que les pidamos que confíen en que nuestro proyecto político superará la actual situación, que no nos roben la vocería de una mejor sociedad posible, esa consigna debe ser siempre nuestra porque es verdad: una mejor sociedad sólo es posible en el socialismo. Que usemos esta coyuntura tan difícil como una oportunidad para potenciar el nacimiento de lo nuevo. Mostrar más lo creativa y sana que puede hacerse nuestra sociedad a partir de la situación difícil. Mostrar las experiencias más avanzadas de organización popular para hacer frente a la guerra económica y convertirlos comunicacionalmente en los referentes que son.  Mostrar más las saludables alternativas alimenticias frente a la escasez de arroz, de pasta, de harinas, de carne, de pollo. Casi toda nuestra dieta se basó en esos productos mientras hay millones de cosas sanas, sabrosas, nutritivas y más baratas que podemos producir y comer.

Además de lo mediático, urge también que hagamos intentos como país para captar divisas (campañas masivas, etc). A veces nos cuesta imaginar que podemos, por ejemplo, ser exportadores masivos de mango, de naranjas, de ciruelas, de frutas que se pierden en Venezuela por cientos de miles de toneladas cada año. ¿Cuántas toneladas de mangos se pierden cada año en nuestro territorio? La Misión Árbol, por ejemplo, se podría sumar. Una industria que seleccione, lave y pula naranjas, mangos, no debe ser demasiado compleja. La recolección la podrían hacer las UBCH, encantadas de la vida.

Eso de las frutas es sólo un ejemplo: ¿Cuántas otras cosas podemos crear y producir como pueblo en campañas especiales populares?

Defendamos la Revolución en la calle, construyendo lo nuevo. Es posible alcanzar una explosión de creatividad y sabiduría popular. ¡Sigamos Juntos!

¡Viva Chávez y viva Maduro! ¡Nosotros venceremos!

 

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