El Costurero fue durante muchos años un centro de labores de manufactura. En 2011 empezó a ser recuperado del abandono por valiosas personas que vieron en este espacio la posibilidad de transformación a través de la acción colectiva

Por: María Isabel Cerón.-

La Casa del Costurero de los Sueños Emancipatorios “Eulogio Paredes” está ubicada en Santa Elena, en la ciudad de Mérida, y más que una casa comunal es una experiencia de consolidación del poder popular, que hermana a miembros de la comunidad y colaboradores a través de dinámicas de verdadera resistencia, creación y producción.

Eulogio Paredes

Debe su nombre al luchador Eulogio Paredes, quien hizo vida en el barrio como un referente del comunismo, por ende la lógica del lugar implica la constante realización de asambleas para la toma de decisiones, lo que ha generado un fuerte tejido que arropa a quienes hacen parte de la Empresa de Propiedad Social Panificadora “Pan Pal Pueblo”. Un tejido como el de la Wiphala, que distingue con su trama la puerta del Costurero.

Casa del Costurero en 2016, Santa Elena, Mérida

Además, la Casa del Costurero creó la biblioteca comunitaria “Trino Borges” –historiador y pedagogo popular-, que nutre las vidas de los niños que asisten cada tarde a las tareas dirigidas, donde reciben una merienda de arepitas y guarapo; insistiendo en la amistad y solidaridad.

En el Café Literario de la Terraza del Kostu se han realizado numerosos eventos como cineforos, talleres y conciertos. El cantor José Alejandro Delgado visitó la Casa recientemente, probó las arepitas que se expenden en el Costurero y se maravilló de la “gente bonita” que encontró, por lo que se llegó con su guitarra al día siguiente -el 5 de mayo- y deleitó con su amplio repertorio al público.

José Alejandro Delgado en el Costurero, 2018

El Costurero recibe a los Consejos Comunales de la zona, acompaña a las Unidades de Batalla “Bolívar-Chávez” e invita a otros movimientos sociales a trabajar en sus espacios, al ser parte de la Comuna Bicentenario 16 de Septiembre. Otro de sus proyectos es la emisora escuela “Radio Kombate”, pues sus ejes son la comunicación, la formación, el encuentro y el trabajo político organizativo.

Carlos Rivas, vocero del Costurero y parlamentario comunal, realizó el documental “Pan Pal Pueblo” en el que Xavier Rodríguez, uno de los activistas de la Casa comentó que han “venido construyendo un tejido orgánico, basados en nuestra propia experiencia” señalando que no se trata sólo de una casa, “es una escuela, es una casa comunal, es un centro cultural, es un laboratorio” en el que “se van incubando ideas y se van pariendo cosas”.

Un lugar en la historia

“Nosotros hemos venido haciendo un trabajo de hormiguita”, opina Xavier, operando con una lógica “horizontal, sumamente diversa, cercana a la idea de los colectivos, de los movimientos sociales” accionando a través de “la constante agitación, comunicación y cultura” entre personas que “están pensando su lugar en la historia”, en el país, en Mérida, en Santa Elena.

Sobre la panadería Xavier afirma: “Nosotros no somos panaderos, nosotros somos aprendices de un oficio que nos ha ayudado a replantearnos también nuestro lugar productivo” en esta situación país. La producción de pan “nos permite atender y cuidar a los niños que hacen vida aquí en la casa, en tareas dirigidas” con una merienda que más adelante esperan que “se convierta en un comedor”.

Desde la cocina de la panadería la señora Yohana Pabón agradece que la invitaran a trabajar: “Estoy muy contenta y orgullosa, porque empezamos poco a poco, sin máquinas, todo era manual y ya tenemos una máquina”. Dice que hay “madres solteras que vienen a comprar su pan y sus arepitas para llevar el sustento a sus hijos, a precios solidarios, que es lo que se quiere, ayudar a la comunidad”.

Aquí no hay jefe”

Amasando el pan, el señor Eder Yzarra expresa que desde que se organizaron “aparte que estamos brindado todo el apoyo posible al camarada Nicolás Maduro, nos estamos liberando de la clase opresora, aquí nosotros todos somos iguales, aquí no hay jefe”.

Eder aspira “a producir lo que nos comemos y a pagar el precio justo, no el precio especulativo que existe en la calle, al que nos ha sometido la guerra económica que nadie quiere reconocer”, agrega: “Nosotros sí estamos conscientes de la guerra que existe, que es una guerra de clases, del que más tiene contra el que menos tiene”.

Por su parte, Marlon Daza señala que el Costurero logró “organizar los seis CLAP” y que en la comunidad “tenemos dos panaderías, pudimos ponerlas a trabajar a favor nuestro con precios regulados” dice. “Articulamos también con los compañeros de Sunagro”; agrega que el sentido del proyecto es la organización, demostrar “que sí podemos como comunidad, como organización, como colectivo, no sólo producir para nosotros, sino darnos cuenta que con estas acciones estamos acompañándonos, estamos protegiéndonos”. Concluye que es “mucho más fácil avanzar colectivamente que trabajar individualmente”.

Carlos Rivas explica que se ha impulsado la distribución de harina hacia las panaderías del sector para “atender a los vecinos y al mismo tiempo acabar las colas en dichos establecimientos” dice. “En la Casa del Costurero hemos logrado articular un sistema de producción de pan y arepas de trigo que está destinada a la atención de 150 familias diarias”.

Amor por la comunidad

Por su parte, la señora María Márquez afirma que los niños se sienten muy felices con la merienda y agrega que lo más importante es “luchar y tratar de solventar esta guerra económica que nos tienen impuesta, ese es el objetivo que tenemos nosotros aquí”.

Mientras que la señora Carolina Guerrero dice que le gusta el sistema de trabajo “porque nos enseña a nosotros y a nuestros hijos a salir adelante como equipo, en unión, y sin embargo también a tener apoyo mutuo, amor propio y amor por la comunidad”.

A Carolina también le gusta que se “incluya a la mujer” porque “sí podemos hacerlo, sí podemos trabajar”. Subraya: “No tenemos una profesión pero nos estamos rotando en la producción, en la comunicación, en la formación y eso nos enseña, nos crea sentido de pertenencia, esto nos pertenece a todos por igual y no andamos enriqueciendo a una persona nada más”.

Participar en esta experiencia le produce alegría porque “estamos cambiando al bachaquero y llevando a las familias con precios solidarios, poniendo en su mesa una arepa de calidad, un pan de calidad, pero a un precio accesible”.

Para más información visite la página de Facebook: https://www.facebook.com/lacasadelcosturero/

Vea aquí el documental sobre la Casa del Costurero y la Panificadora Pal Pueblo:

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