La Lengua.- No se quedarían en el área destinada a todas las delegaciones -la zona de exclusión de 250 cuadras en Mar del Plata, custodiada por 7.500 policías-,  así que llegaron al Hotel República, fuera del cerco preparado para los Presidentes que asistirían a la IV Cumbre de las Américas, menos Cuba.

Cuatro en cada habitación, era el hotel perfecto para una delegación como aquella: ruidosa, activa, motivada por los gritos de los argentinos afuera del hotel; aunque envenenados por su café sin aroma (es amorosa la queja), encendidos por la agenda.

Chávez se iba a dar las manos con el jefe del Imperio que tenía buzos en las playas buscando submarinos, ése que hizo traer su limusina blindada en portaaviones, carro que lo cargó menos de 500 metros entre el Casino Central y el Hermitage; mientras que Lula, Néstor y Hugo, iban caminando con el huracán a su paso.

En la inauguración estaba Condolezza Rice, flaquita y chiquita, menos que cualquiera. Bush evitó entre los Presidentes darle la mano al soldado de Sabaneta.

Una vez iniciada la Cumbre, los aliados de EEUU (Canadá, Trinidad & Tobago, Panamá y México) impusieron el tema del ALCA, Lula da Silva tomó la palabra y subrayó que en América Latina se encontraban en el poder personas que habían despertado la esperanza de los pueblos; argumentó que el área de libre comercio “desnivelaría el campo de juego” con los subsidios agrícolas.

Mientras tanto Evo, Maradona, Blanca Chancoso, las Madres de Plaza de Mayo, Pérez Esquivel, Silvio y Heredia estaban en el estadio “José María Minel” en la III Cumbre de los Pueblos con Barrios de Pie, Movimiento Evita; Los Pibes… Llovía. Chávez le cantó a la gente: “Hola muchachos, compañeros de mi vida”, contó que las chamanas le dijeron que sopláramos tres veces al cielo, y así paró de llover.

“Nosotros, camaradas, compañeros, amigas, amigos todos, hemos venido aquí hoy a muchas cosas, a caminar, a marchar, a saltar, a cantar, a gritar, a luchar, pero entre tantas cosas de las que hoy hemos venido a hacer aquí en Mar del Plata hoy y cada uno de nosotros trajo una pala, una pala de enterrador, porque aquí en Mar del Plata está la tumba del Alca”, exclamó el Comandante. “Vamos a decirlo: ¡Alca, Alca, al carajo!, ¡Alca, Alca, al carajo!”. Pidió “ser parteros del ALBA”. La coñaza al salir fue épica, todos querían abrazar al hombre.

En los elegantes espacios del Hermitage, el Pingüino le decía en su cara a Bush que no podía “patotear por una simple mayoría, ideas que tienen que ver tanto con la vida de nuestros pueblos, es una cuestión absurda, casi anti cultural y muy poco ayuda a la convivencia de los pueblos y de todos”, lo dijo refiriéndose a la falta de acuerdos para una declaración final que debía atender al disenso del bloque que conformaban Argentina, Brasil, Venezuela y Uruguay.

Chávez dio una rueda de prensa: “El ALCA está muerto”, dijo. La noche anterior había pedido un artículo de William M. Arkin publicado por el Washington Post, en el que Venezuela era identificada como amenaza, pues Chávez promovía revoluciones en el continente.

 

 

 

 

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