Por: Dra. Lilia M. Ramírez Lasso

Así que el programa Aló, Presidente lleva, además de aquella necesidad del conflicto político constituyente para ayudar a orientar el proceso, para ayudar a crear conciencia sobre la importancia del proceso. Hugo Chávez, Aló, Presidente N° 100 (17/03/2002)

El domingo 29 de enero de 2012, a las once de la mañana (y un poquito más), el Presidente Chávez sobrevolaba en helicóptero las sabanas de Barinas junto a un equipo de gobierno y su hija María Gabriela. La escena, transmitida en vivo y directo desde el propio helicóptero, con un imponente horizonte de la llanura venezolana y el ruido constante de la hélice de la nave de fondo, marcaba el inicio de la edición 378 del programa dominical del primer mandatario; la que sería la última edición del Aló, Presidente, transmitido hasta entonces durante trece años.

Decir que Aló, Presidente era el programa de televisión del Presidente Chávez, como generalmente se le señala, es una media verdad, en primer lugar porque Aló, Presidente era mucho, pero mucho más que un programa de televisión. Como dijo al respecto Andrés Izarra, Aló, Presidente era un evento en una locación que se transmitía por un entramado de medios de comunicación (radio, televisión, portal web). Y en esa definición, que a muchos nos pudiera resultar demasiado fría y técnica para hablar de un referente simbólico de la política mediada en Venezuela, va implícito uno de los rasgos quizás más característicos no sólo del Aló, Presidente, sino del modelo comunicacional chavista que se irradió y configuró a partir del mismo: la territorialización como forma de comunicar y hacer una nueva política participativa desde la comunicación y el diálogo. La política entendida desde el territorio.

Uno de los elementos que posiblemente generara mayores lazos emotivos de identificación y proximidad con el Aló, Presidente era su potencia para mostrarnos una sociedad venezolana más diversa y compleja de lo que cotidianamente nos dicen los medios de comunicación que somos en tanto sociedad (por aquello de que los medios ya no tanto reflejan, sino que construyen la realidad). Una sociedad que conocíamos de primera mano, ahí mismo en su territorio, con su maneras de hablar, con sus refranes y modismos, con su forma de ver la realidad, sus maneras de vivir y de convivir, con sus conflictos, sus alegrías, sus proyectos y sus sueños. Una sociedad que demandaba constantemente, ahí en vivo y directo y sin cortes comerciales, más y mejores formas de participar en la esfera política; que demandaba a fin de cuentas que el poder constituido cambiara (quizás mejor dicho, que se dejara quebrar) su estatus quo para satisfacer las demandas del poder constituyente, del poder popular, el soberano.

Por eso también es una media verdad decir que el Aló, Presidente era el programa de televisión del Presidente Chávez. Y es que cada domingo veíamos cómo participaban en ese espacio itinerante voceros del Poder Popular, del Estado, del Gobierno y de la FANB, entre otros, que exponían desde las particularidades de cada uno de esos actores sociales sus propias maneras de aportar a la construcción de un proyecto político, social, económico, cultural e histórico en común.

Aló, Presidente era mucho más que Chávez hablando por horas –explicando medidas de gobierno, mostrando ejecución de recursos, reflexionando sobre geopolítica, usando anécdotas de su historia personal para hacer de lo político un relato más cercano a todos, en un ejercicio pedagógico constante que apuntaba a una mayor compresión colectiva del ejercicio de la política desde el poder mismo-. Aló, Presidente era un espacio para la construcción colectiva –dialógica- de un proyecto nacional común, con las contradicciones, tensiones y conflictos, que ello implica, y que en no pocas ocasiones eras mostradas o develadas ahí mismo, en vivo y directo.

Y una vez expuesta la contradicción o el conflicto sólo quedaba asumirlo como elemento catalizador para la transformación, para el avance y el fortalecimiento del proyecto común.

A cinco años de aquel último Aló, Presidente, la historia nos ha puesto ante la difícil circunstancia de darle continuidad a ese modelo comunicacional, territorial, popular y participativo, impulsado por Chávez, que implicó no sólo una irreverente subversión de mecanismos mediáticos y comunicacionales que a diario son usados por otros actores para convencernos de las bondades del neoliberalismo y el sálvese quien pueda, sino más aún la construcción de una forma propia, nuestra, de comunicarnos para trabajar juntos.

El Presidente Maduro y su equipo de comunicación e información han tenido que asumir una tarea titánica, en lo que respecta a darle continuidad a ese modelo comunicacional. El domingo 29 de enero de 2017, a cinco años justamente de aquel último Aló, Presidente, se transmitía desde Guayana la edición 78 de un espacio que ha cambiado de nombre y horario al menos tres veces, y cuyo formato y estructura también ha sido modificado a lo largo de tres años (El Aló, Presidente también cambió de horario y estructura un par de veces, por cierto, y le tomó unos siete años desarrollar plenamente un modelo estable de comunicación gubernamental).

A cinco años del último Aló, Presidente, la edición 78 de Los Domingos con Maduro mostraba al Presidente en Guayana, acompañado de su equipo de gestión, dialogando con funcionarios de Estado a cargo de tareas vitales dentro de las industrias básicas del país, explicando procesos fundamentales de nuestro principal aparato productivo, ejecutando e informando en directo cambios institucionales dentro de la industria petrolera del Estado, todo esto con la presencia de un número significativo de voceros de la clase trabajadora de las industrias básicas.

Cualquiera diría que darle continuidad al modelo comunicacional de Chávez tendría que haber sido una tarea sencilla, habiendo justamente desarrollado en más de una década las competencias de un equipo que se apropió y que construyó también un modelo tecnológico y político para desarrollar una comunicación de gobierno participativa, basada en la representación mediática desde el territorio del Poder Popular como principal sujeto de participación política.

El tiempo nos ha demostrado que tal tarea no es cuestión de soplar y hacer botellas, y que la coyuntura histórica que atravesamos demanda un esfuerzo extraordinario para continuar desplegando y consolidando el modelo comunicacional chavista, una forma de comunicar hecha en Revolución, que no sólo informa, dialoga, sino que más allá, genera mediante la comunicación mecanismos de participación directa para el pueblo organizado. Un reto nada fácil.

liliamarga@gmail.com

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