Por: Ernesto J. Navarro

RT.- ‘El Urfal’, un ser de otros mundos, aterriza dentro de un museo. Lo inspecciona “con sus decenas de sentidos, con sus agudizados receptores”, pero lo que vio dentro le parecieron “manifestaciones incomprensibles”.

Lo anterior, es parte del cuento ‘El Monstruo’, que el escritor venezolano Luis Britto García incluyó en su libro ‘Rajatabla’, publicado en 1970. Un cuento fantástico sobre un ser que, hallándose en un espacio que le es extraño, se mimetiza y absorbe lo que tiene a mano para subsistir.

De allí, toma su nombre una banda venezolana, y se convierte entonces en una especie de monstruo, en un bicho raro del rock.

Oleo que suena a rock
Refiriéndose a su trabajo creativo, el muralista chileno venezolano Pablo Kalaka dijo que cuando escuchó el tema ‘Misa Negra’, de la banda cubana Irakere, pensó que así había que pintar, “como ellos estaban tocando esa música”.

Con ‘El Urfal’ pasó lo contrario. Sus miembros fundadores son dos artistas plásticos que vieron en la música la posibilidad de llevar más allá las sensaciones que estaban atrapadas en los lienzos.

Con esa idea en mente, Junior Aquiles Linares Franco (JAquiles) y Atilio Saavedra, que coincidían en exposiciones de arte, se juntaron en 2009 con más ganas que conocimientos musicales. Otros amigos sumarían luego a esa causa plástico-musical.

Su música o la extensión de sus pinturas, dicen ellos, es arte sonoro, poético y visual. Es mística andina. Es cultura orgánica y sensorial.

Han pincelado su primera obra y la bautizaron como ‘Casa de vidrio’. 17 temas que dan cuerpo a un rock conceptual. Atilio Saavedra, guitarrista de la banda, entiende el contenido del disco como “etéreo y atmosférico, sin distorsiones y con aire folclórico”.

Son temas que se inspiran, o que como ‘El Urfal’ del cuento, exploran y se alimentan de “los procesos vivenciales y la experiencia humana”.

Hoy, esta especie de taller de pintura musical está integrado por: JAquiLes Franco (Voz), Atilio Saavedra (guitarra), Julio César Torrealba Vielma (guitarra), José Carlos Hernández (guitarra), Hernán Araujo (batería) y Marco Terán (bajo).

Rockeros o qué
La primera vez que los invitaron a dar un concierto en Caracas (julio de 2011), los músicos de la banda ‘El Urfal’ creyeron que antes de aceptar y hacer el viaje de 595 kilómetros desde la ciudad de Valera, al oeste de Venezuela, debían comunicarse con el escritor Luis Britto García y pedirle permiso para poder usar ese nombre.

Consiguieron el número telefónico de la casa del escritor, que se niega a usar celulares, y le explicaron el motivo de su llamada.

Luis Britto los escuchó pacientemente y luego preguntó con ironía: “¿Ustedes son rockeros o no?”. Y sin dejarles responder añadió: “¿Cómo es que unos rockeros van a estar pidiendo permiso?”. Fin de la historia, se quedaron con el nombre.

Al recordar la anécdota, el intelectual venezolano Luis Britto se ríe, aunque reconoce que la idea de nombrar a una banda de rock con una de sus creaciones le pareció “un bonito homenaje”.

Si extrapolara el argumento del cuento a la banda, “diría que es un bicho raro, que ha caído en un encasillamiento, un museo que pudiéramos decir el rock, y que toma del ambiente lo que necesita o le conviene”, comenta el escritor.

Con o sin casillas
El músico Jean de Oliveria opina que ‘El Urfal’ tiene un sonido “transparente, natural y grande al mismo tiempo”. Mientras que el ingeniero de sonido Juan Carlos Arévalo, estima que la banda tiene una personalidad que la dota de “una densa atmósfera”.

En los sonidos de ‘El Urfal’ se pueden descifrar trazos o influencias de artistas de varios géneros musicales y de diferentes países: Simón Díaz, Alí Primera, The Beatles, Radiohead, Luis Alberto Spinetta o Tom Jobim. También de los gustos plásticos, literarios o escénicos de sus integrantes.

“Alguna vez tratamos de definir esta fusión como rock plástico, por la esencia de la pintura y los colores, luego rock sinestésico o rock espacial. Pero, a fin de cuentas, en nuestra búsqueda musical hacemos rock. Un rock venezolano nacido y cautivado en los Andes de Venezuela”, explica Atilio Saavedra.

Bichos raros o no, ‘El Urfal’ suena al ‘Saturno devorando a su hijo’ de Goya y lo mismo que el personaje de Luis Britto, la banda se mimetiza con el espacio que habita para producir sonidos tan eclécticos como esa bestia llamada venezolanidad.

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