Por: Ernesto J. Navarro

DesdeLaPlaza.- El 06 de diciembre, en elecciones de carácter nacional, se renueva de forma íntegra la Asamblea Nacional venezolana.

La constitución de la República Bolivariana de Venezuela, aprobada en referendo popular en 1999, estipula que cada 5 años, los 165 escaños del parlamento, deben escogerse en votaciones secretas y universales.

En la actual coyuntura política, el chavismo y los partidos opositores se disputan el control de éste poder nacional: Para el chavismo representa la forma de sustentar la Revolución Bolivariana con leyes que fortalezcan al Poder Popular. Para la oposición, agrupada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) es la joya de la corona. Una AN controlada por la oposición trancaría el juego.

Ministros, funcionarios y hasta el Presidente podrían recibir vetos parlamentarios que harían inmanejable la nave del Estado.

Nueva AN

Las diputadas y los diputados que resulten electos, cumplirán funciones durante el período 2016-2021.

Dice la constitución, artículo 219: “El primer período de las sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional comenzará, sin convocatoria previa, el cinco de enero de cada año o el día posterior más inmediato posible y durará hasta el quince de agosto.

El segundo período comenzará el quince de septiembre o el día posterior más inmediato posible y terminará el quince de diciembre”.

Los diputados en funciones actualmente, cesan sus tareas el 15 de diciembre, en espera de sus reemplazos.

Mientras eso ocurre, el parlamento nacional se mantiene activo por medio de la Comisión Delegada (artículo 195): “Durante el receso de la Asamblea funcionará la Comisión Delegada integrada por el Presidente o Presidenta, los Vicepresidentes o Vicepresidentas y los Presidentes o Presidentas de las Comisiones Permanentes”.

Por atribuciones constitucionales, esta comisión puede:

1. Convocar la Asamblea Nacional a sesiones extraordinarias, cuando así lo exija la importancia de algún asunto.

2. Autorizar al Presidente o Presidenta de la República para salir del territorio nacional.

3. Autorizar al Ejecutivo Nacional para decretar créditos adicionales.

4. Designar Comisiones temporales integradas por miembros de la Asamblea.

5. Ejercer las funciones de investigación atribuidas a la Asamblea.

6. Autorizar al Ejecutivo Nacional por el voto favorable de las dos terceras partes de sus integrantes para crear, modificar o suspender servicios públicos en caso de urgencia comprobada.

7. Las demás que establezcan esta Constitución y la ley.

Todo esto es formalismo del texto constitucional. En el terreno la elección de diputadas y diputados no pinta fácil para ninguno de los sectores en pugna, con el telón de fondo de la guerra económica.

El periodista argentino Marcos Salgado, al analizar el escenario político venezolano apunta tres posibles escenarios tras las elecciones:

“Hay, básicamente, tres escenarios posibles:

1 – El chavismo mantiene la mayoría calificada. Es la que se necesita para aprobar leyes habilitantes, leyes orgánicas y -eventualmente- avanzar en la destitución del vicepresidente ejecutivo o de algún ministro. Hoy por hoy ningún sondeo de opinión (tampoco los que pululan en escritorios oficiales) pronostican ese escenario. Por el contrario, se cree que la oposición puede aumentar su caudal en los grandes centros urbanos y esto abriría paso al segundo escenario:

2 – El chavismo mantiene mayoría, pero no calificada. El analista Néstor Francia le puso números a esta hipótesis. El PSUV y sus aliados podría llegar a unas 87 bancas y la oposición trepar a 80. Una especie de empate que, sin embargo, no impediría el funcionamiento del legislativo, que se asienta en las mayorías simples de los diputados y diputadas presentes en cada sesión. Ni el oficialismo podría ya apoyarse en la Asamblea Nacional para gobernar, ni la oposición podría usarla para acabar con el gobierno.

3 – La oposición obtiene mayoría calificada. Esa hipótesis sí complicaría al gobierno de Nicolás Maduro. La oposición, con la Constitución de Hugo Chávez en la mano, empantanaría al extremo la gestión del Poder Ejecutivo.

Sin embargo, este escenario paradojal no parece el más probable. Porque para que ocurra, demandaría una catástrofe electoral del chavismo, que debería perder no solo en los esquivos centros urbanos, sino también en bastiones populares de la mayor parte del país”.

Río revuelto

La pregunta que flota en el aire es: ¿se producirá el ansiado voto castigo con el sueña la MUD para poder destronar al chavismo?

El politólogo Carlos Fréitez califica de “descabellada” la apuesta de la MUD a querer ganar el parlamento con los votos del chavismo.

“En la Venezuela polarizada políticamente, es casi imposible que los chavistas salgan a votar por la derecha. El descontento podría expresarse en abstención, no es saltos de talaquera”

Aunque hay ejemplos en todo el continente de votos que cruzan fronteras ideológicas en épocas de crisis, Marcos Salgado apunta una particularidad de éste país.

“Pero en Venezuela, donde no todo sucede como en cualquier otro país de la región, todavía está por verse si el argumento oficial de la “guerra económica” contra el pueblo venezolano (y la denuncia continuada sobre son sus responsables) efectivamente cala en el pueblo chavista y por sobre las preocupaciones y las penurias del momento priman las enseñanzas de Chávez, sus largas tardes de Aló Presidente donde una y otra vez explicaba con pelos y señales al pueblo venezolano quiénes eran sus enemigos, y quiénes no debían jamás volver”.

 

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